Desde la Villana de Vallekas nos adherimos al manifiesto de la manifestación: ¡ABRAMOS LAS FRONTERAS, CERREMOS LOS CIE!


Hoy estamos aquí vecinos y vecinas, organizaciones, colectivos, asambleas, compañeras en la lucha por la dignidad y el reconocimiento de las personas migrantes y refugiadas y colectivos organizados por el cierre de los CIE. El refugio y el encierro- deportación son dos caras de la misma moneda del racismo institucional que representan las políticas migratorias europeas.

Vivimos la crisis humanitaria más grave tras las II Guerra Mundial causada, en gran parte, por el trato de nuestros gobiernos a los desplazados por las guerras, los cambios climáticos o el empobrecimiento.
La respuesta de la Unión Europea, que está escribiendo una de las páginas más infames de nuestra historia reciente, ha sido cerrar sus fronteras, razón por la que desde el 2000 han muerto más de 25.000 personas. El Mediterráneo es la frontera más mortífera del mundo y, sin embargo, la UE se ha gastado 13.000 millones de euros de nuestros impuestos en militarizar las fronteras, lo que supone un gran negocio para las grandes multinacionales de la seguridad que nutren a Frontex y a los distintos estados de la UE.

Las refugiadas no sólo han de huir de las bombas, del hambre y la destrucción; también han de intentar evitar perecer en una peligrosa ruta migratoria o en un naufragio, que sólo de cuando en cuando obtiene atención mediática.

Europa ha decidido externalizar sus fronteras alejándolas a países que no respetan los derechos humanos, como Turquía, Senegal o Marruecos, a los que hemos colocado como gendarmes de nuestros muros a cambio de grandes sumas de dinero escondidas tras las denominadas “ayudas de cooperación internacional”.

El vergonzoso acuerdo entre la UE y Turquía de un inmigrante retornado por un refugiado realojado es inviable y falaz: sólo de origen sirio hay unos cinco millones de personas desplazadas fuera de su país. La UE se compromete a realojar únicamente a 72.000. Además, estableció cuotas de reubicación y reasentamiento para 160.000 personas refugiadas. Un año más tarde sigue sin cumplirlas. La UE sólo busca salvar la cara de los líderes europeos.

Se trata de una política migratoria criminal que atenta contra los derechos reconocidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Utilizan como coartada nuestro bienestar y supuesta seguridad –vinculando torticeramente inmigración y delincuencia o terrorismo– para generar un conflicto de pobres contra pobres, basado en la diferencia para esconder el recorte de derechos sociales a todas las personas. Las élites aquí someten al austericidio derechos como la educación o la sanidad. Mientras allí, empresas, como Pescanova, se lucran de los caladeros esquilmando los recursos; las constructoras españolas desembarcan durante la crisis; empresas como Air Europa se lucran de los vuelos de deportación; o las potencias europeas derrocan presidentes o hacen la guerra… ¿Dónde están los terroristas? ¿Quién es la verdadera mafia mundial?

El cierre de fronteras es la verdadera política migratoria de la UE. Desde las más evidentes, como las vallas con cuchillas de Ceuta y Melilla, a las más selectivas e invisibles, como las identificaciones policiales basadas en las características étnicas de las personas. Sin olvidar, los propios Centros de Internamiento para Extranjeros/as. La UE no sólo expulsa a las personas que llegan desesperadas a sus costas, sino que también deporta a las personas que llevan muchos años aquí. ¡No son extranjeras, son nuestras vecinas!

La Unión Europea cuenta en la actualidad con cerca de 450 centros de internamiento. En el territorio español hay siete Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y dos Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETIs). Los CIE son centros en los que se priva de libertad a personas por el mero hecho de no haber cumplido un trámite administrativo. Los centros de internamiento no sólo son ilegítimos, sino que además su mera existencia vulnera los derechos más fundamentales. ¡La única opción es su cierre inmediato!

Los CIE como el de Aluche son verdaderos agujeros negros del estado de derecho. Se dan las condiciones para la violación de derechos, los malos tratos, la arbitrariedad o la muerte bajo custodia policial. Todo ello debido a la falta de eficacia de los mecanismos institucionales de fiscalización, algo que facilita la impunidad policial.

No olvidamos los nombres de las personas que han sufrido esta desprotección y violencia (no podemos citarlos a todos): Samba Martine murió en este CIE sin la debida atención médica. Ana Paula y Naura fueron deportadas sin sus hijos. Sandra no sólo no fue reconocida como víctima de trata, sino que declaró haber recibido una paliza de los policías al resistirse cuando iba a ser deportada. Volver a su país suponía una sentencia de muerte para ella. Osamuy murió ahogado en pleno vuelo, amordazado por los policías que le deportaban. Algunos de los que hace unas semanas se manifestaron en el CIE, y denunciaron posteriormente haber sido apaleados, han sido expulsados, como la gran mayoría de personas que presentan denuncias por malos tratos. ¿Cómo una institución puede generar tanto dolor, sufrimiento y muerte?

Por desgracia, la historia de los CIE está llena de personas a las que se les niega el nombre, se les asigna un número y son tratados como mercancía deportable. No hay información, sólo opacidad. No hay asistencia sanitaria adecuada ni continuada. La asistencia letrada es deficiente, igual que el abrigo y la comida.

Esta situación no es excepcional, es estructural en todos los centros europeos. Se nos dice que estas personas son encerradas por no ser europeas, para que los europeos podamos movernos libremente. Se nos dice que estas personas invaden nuestro continente, se nos dice que son criminales, de otras religiones o terroristas. Las que campan a sus anchas por Europa y Occidente son unas élites neoliberales en crisis, que no están dispuestas a dejar de serlo, que consideran a las personas como una categoría de no-persona, a las que es posible despojar de derechos sociales, humillar, encerrar y deportar. Esto nos acerca día a día al fascismo alimentado por un populismo xenófobo. Sin embargo, no pasarán, no daremos ni un paso atrás: las vecinas y los vecinos organizados vamos a cerrar los CIE y abrir las fronteras, cueste lo que cueste.
Por todo ello exigimos:

  • El respeto de los derechos humanos de las personas migrantes.
  • Políticas migratorias centradas en eliminar las causas que producen el desplazamiento forzado de millones de personas.
  • Rutas accesibles y seguras para los migrantes.
  • El desarrollo de programas y financiación de ayudas con los miles de millones de euros que ahora se emplean para deportar y encerrar personas en Europa.
  • El fin de las operaciones de Frontex y el establecimiento de programas de salvamento humanitario en las fronteras europeas.
  • El fin del acuerdo con Turquía y de las políticas de externalización de fronteras y repatriación a terceros países.
  • La apertura de las fronteras y la reubicación de los refugiados en los diferentes países europeos en función de sus necesidades.
  • El fin de la irregularidad administrativa, otorgando reconocimiento a nuestros vecinos y vecinas. Así como el cese del hostigamiento a los manteros y lateros, porque sobrevivir no es delito.
  • El cese del internamiento y expulsión de refugiados.
  • El cierre sin condiciones de los Centros de Internamiento para Extranjeros y la debida fiscalización de las condiciones y actuaciones policiales en los mismos.

No abandonaremos esta lucha hasta que esta reglamentación de la vergüenza, esta violencia institucional hacia los más vulnerables, deje de ser una realidad en este continente.

NINGUNA PERSONA ES ILEGAL, MIGRAR NO ES DELITO ABRAMOS LAS FRONTERAS, CIE NO